Ghostwire Tokyo
Una recreación fantástica de Tokio con mucha personalidad, una atmósfera única y un combate que gana mucho con las horas.
Tras un viaje que llevaba esperando toda mi vida a Tokio, y con ese inevitable
agujero emocional al volver a casa después de cumplir un sueño así, creí que era
el momento perfecto para darme un último paseo por las calles de la ciudad
nipona. Y es justo ahí donde Ghostwire: Tokyo entra en juego.
Un título que, solo por su ambientación y por el nombre de su creador, nada más
y nada menos que Shinji Mikami, productor y padre de obras como Resident Evil o
Dino Crisis, llevaba tiempo teniendo pendiente. Al menos, merecía darle una
oportunidad.
A priori, puedo decir que solo por su apartado gráfico y su fiel recreación de
Tokio ya es motivo más que suficiente para recomendar que todo el mundo lo
pruebe. Lugares como Shibuya están recreados casi como un calco, un auténtico
1:1. Poder entrar en un konbini a comprar recursos, escuchar el sonido de las
puertas automáticas al abrirse, el ambiente del metro, los establecimientos…
todo te transporta de lleno a la ciudad.
Me ha atrapado por completo su mapa, que no solo se extiende en horizontal,
sino que uno de sus grandes puntos fuertes es la verticalidad. Tenemos la
posibilidad real de subir a prácticamente todas las azoteas, independientemente
del tamaño del edificio. La forma de acceder a ellas varía y en más de una
ocasión el juego te obliga a observar bien el entorno para encontrar el camino
correcto.
Normalmente, acceder a estos lugares te recompensa con el componente completista
del título. En cada barrio puedes encontrar grafitis, yōkai propios de la zona y
recolectar almas perdidas. El juego no te obliga en absoluto a hacerlo y es 100
% opcional. A simple vista, podría parecer que la recompensa no compensa el
esfuerzo, por simplemente en algunos casos subir algún nivel y poco más, pero
nada más lejos de la realidad.
El verdadero premio está en detenerse. En no dejarse llevar por la ansiedad de
querer completarlo todo y tachar tareas como si fuera un trabajo. Aquí hemos
venido a disfrutar y una vez arriba, parar unos segundos y observar el skyline
de Tokio desde distintos puntos es una sensación increíble.
No solo las calles están cuidadas al detalle. También hay interiores como
konbinis, restaurantes, templos e incluso apartamentos a los que accederás
durante la aventura, todos recreados con muchísimo mimo y respeto.
Pero Ghostwire: Tokyo no es solo apartado visual y una recreación fantastica de
la ciudad.
Entiendo perfectamente que no sea un juego para todo el mundo y menos aún si se
afronta con mentalidad de completar absolutamente todo o si abruman los mundos
abiertos de corte más “Ubisoft”. Pero si quieres exprimir el juego con calma y
además acercarte un poco más a la cultura japonesa, es una muy buena opción.
A través de coleccionables encontrarás objetos cotidianos, amuletos y comidas
típicas de Japón, todos acompañados de una breve explicación. También se
introducen distintos tipos de yōkai propios del folclore japonés, como los
Kappa, Tengu, Rokurokubi o los Tanuki, cada uno con su contexto cultural y su
pequeño trasfondo.
Y sí, es importante mencionarlo. Puedes alimentar y acariciar perritos shiba y
leer los pensamientos de los gatos. Un detallazo.
La historia nos sitúa de lleno en el cruce de Shibuya, donde de repente ocurre
una catástrofe que hace desaparecer a toda la población. El protagonista queda
solo en una ciudad fantasma hasta que es poseído por KK, un ente espiritual que
se introduce en su cuerpo difunto y le concede habilidades sobrenaturales a
cambio de compartirlo.
A partir de ahí, la trama gira en torno a descubrir qué ha ocurrido, quién está
detrás de la desaparición de la gente y cómo rescatar las almas atrapadas en la
ciudad. La historia se va desarrollando poco a poco, combinando momentos de
acción con otros más pausados y reflexivos, y apoyándose mucho en el folclore y
lo sobrenatural.
Sin ser nada del otro mundo, la narrativa consigue al menos ser interesante y
mantenerte enganchado, especialmente por cómo están trabajados los personajes.
Destaca la relación entre el protagonista y KK, una convivencia forzada en la
que ambos tienen que aprender a entenderse. Esa dualidad y la evolución de su
relación es, probablemente, uno de los aspectos más interesantes del guion.
A pesar de que la trama principal no sea de lo más impactante, sí quiero hacer
una mención especial a las múltiples misiones secundarias que ofrece el juego.
Es cierto que algunas no se libran de ser las típicas tareas de encontrar
ciertos objetos y entregárselos a almas que no pueden descansar hasta
recuperarlos. Las clásicas misiones de recadero. Pero, por otro lado, hay
secundarias tremendamente profundas e ingeniosas. Quiero destacar una en
particular que me llevo para el recuerdo. No solo me pareció la mejor de toda la
aventura, sino también la más profunda a nivel narrativo y donde el juego
alcanza su punto más alto en cuanto a terror.
Me refiero a una misión secundaria bastante extensa que transcurre en una
escuela de secundaria. Aunque Ghostwire: Tokyo no es ni mucho menos un juego de
terror al uso, aquí tiene momentos muy bien llevados en ese aspecto y
sorprendentemente bien dirigidos. La tensión, el ritmo y la ambientación están
cuidados al detalle. No he podido evitar compararla con lo que para mí es la
parte más interesante de Silent Hill f, del que aprovecho para recomendar leer
la opinión de @PeliYManta_ aquí. Y, siendo sincero, en mi opinión esta sección está
mejor llevada en Ghostwire: Tokyo que en Silent Hill F. Quizá porque con Silent
Hill tengo un pequeño conflicto personal. Es un juego que, aun siendo muy bueno
y recomendable, cuanto más lo pienso menos termina de convencerme.
El sistema de combate es otro de los puntos que puede generar división. Tras
muchas horas de juego, puedo decir que he pasado por varias fases. Al principio,
el combate se siente algo confuso y no termina de convencer. Pero en cuanto
empiezas a entender sus mecánicas, subes de nivel y desbloqueas nuevas
habilidades, todo cambia. Se pueden crear distintos combos y el combate acaba
siendo muy satisfactorio, incluso adictivo. Salvando mucho las distancias, en
algunos momentos me ha recordado a Doom 2016 o a una de sus posteriores
secuelas. Es frenético, te obliga a moverte constantemente y a tomar decisiones
rápidas.
El problema es que, aunque hay un buen abanico de enemigos y cada uno tiene sus
particularidades, en el fondo hablamos de unos 7 u 8 diseños base con
variaciones. Combinados entre sí funcionan bien y te obligan a priorizar
objetivos y a explotar debilidades, pero llegado cierto punto, especialmente en
el tramo final, ya no hay enemigos nuevos y el sistema de combate está tan
interiorizado que puede volverse algo repetitivo.
Por desgracia, en el momento en el que escribo esto, el estudio ha sido cerrado
y todo apunta a que los planes que tenían para una posible secuela han quedado
enterrados. Es una auténtica lástima, porque Ghostwire: Tokyo ofrece algo
distinto dentro del medio y, sin inventar nada nuevo, hace lo suyo de manera
sólida y con personalidad.
Para mí, este juego ha sido una forma de volver a caminar por Tokio cuando ya no
estaba allí. De reencontrarme con sus calles, sus luces y su atmósfera en un
momento en el que necesitaba cerrar ese viaje de alguna manera. Ghostwire: Tokyo
no sustituye a Tokio, pero sí consigue algo muy difícil. Hacerte sentir que,
durante unas horas, sigues allí.