Nobody
Acción seca, directa y muy disfrutable, con Bob Odenkirk funcionando sorprendentemente bien en una propuesta que va claramente al entretenimiento puro.
Tal vez por ir al grano, lo mejor que puedo decir de la propuesta es que cumple
con su objetivo. Diseñada y concebida como un producto de puro entretenimiento,
lo cumple completamente en una duración ajustadísima. Y por seguir en la misma
tendencia de resumir sus bondades y debilidades, cabe mencionar que tal vez la
acción arranca ya entrados los 20 o 30 minutos de película, lo cual en mi
opinión es un defecto sabiendo a lo que venimos y más cuando no es capaz de
aportar más alla de eso.
Puestas las cartas sobre la mesa, si os parece contextualicemos y desarrollemos
un poco más todo esto. Aunque, sinceramente, con lo que os cuento hasta ahora ya
es más que suficiente para que os hagáis una buena idea de si os merece la pena
o no acercaros a esta cinta.
Lo dicho, en apenas hora y media, muy amena en lo general, la película te
presenta la vida de lo que es aparentemente un hombre normal, con una vida que
no le llena, una mujer con la que tiene una relación muerta, donde la distancia
no solo física sino también emocional es evidente, y un hijo adolescente que le
ve como un fracasado. Lo único que le queda de humanidad es a través de su hija
pequeña, la única que le demuestra amor sincero e incondicional y que le
humaniza y le devuelve a un estado fuera de ese piloto automático constante.
Acabaremos sabiendo algo más de este protagonista, aunque no mucho más. La
película se nota que no sabe muy bien qué contarte sobre él para que la
construcción del personaje sea realmente convincente. Poco a poco te va contando
de dónde vienen sus claras habilidades de defensa personal y manejo de armas,
cómo ha acabado donde ha acabado y demás, pero no lo hace de una forma
especialmente sólida. En parte, la historia y las motivaciones del personaje no
dejan de ser una excusa para no hacer una película de 45 minutos de un señor
acabando con hordas de enemigos sin motivo alguno. Aunque, pensándolo bien,
probablemente habría funcionado igual de bien, porque aquí sabemos a lo que
venimos, y la película tarda un poco, en mi opinión, en regalarnos los primeros
golpes y salpicaduras de sangre.
Una vez comienzan los golpes, se logra un ritmo fantástico. Acompaña la acción
en ciertos momentos una música muy bien seleccionada, las escenas están bien
coreografiadas y hay un nivel de detalle y gore apropiado para el tono general.
Nuevamente, los motivos que llevan a salir a nuestro pacífico, pero no tanto,
personaje de su vida cotidiana vuelven a ser un poco por exigencias del guion y
por atizar a la persona equivocada.
Y es que esto seguramente os suene de algo. Esto ya lo hemos visto antes. No es
ninguna novedad dentro del género y, sin irnos muy atrás, tenemos su claro
espejo en la saga
John Wick. Creo que hay pocos o ningún motivo para elegir esta franquicia
por encima de la ya asentada John Wick. Bebe y se inspira demasiado en ella y no
es capaz de mejorar en nada.
Es cierto que aquí tiene un tono algo más realista, donde el protagonista no
parece claramente invencible y recibe daño durante los enfrentamientos de forma
constante, además de tener que tirar en muchas ocasiones de ingenio para acabar
con los enemigos, ofreciendo combates algo más cercanos a las capacidades reales
de un humano entrenado. Evidentemente no podemos esperar realismo puro, ya que
el listón al que estamos acostumbrados en la vida real son peleas de borrachos
donde los agarrones son el ataque más utilizado y muchas veces están tan
confusos que se hieren a sí mismos. Pero, bromas aparte, poca pega hay que
ponerle a su acción y, de hecho, puedes llegar a querer o necesitar más en
cierto punto.
Por terminar con la comparación, mencionar que esta tiene un tono más cómico en
algunos momentos, dejando claro el desenfado de la propuesta, y que los
personajes aparecen para acompañar, pero no para sumar realmente al protagonista
o a la historia. Es verdad que a día de hoy es fácil decirlo porque el universo
John Wick está más que consolidado y su éxito es evidente, pero si hacemos el
ejercicio de abstraernos de todas las secuelas que han ido llegando, uno de sus
grandes puntos fuertes de la entrega original no era solo el apartado visual,
sino que dejaba claro que la película era solo la punta del iceberg de un gran
universo y mitología por explorar. Esta, por el contrario, es bastante vacía en
ese aspecto.
La elección de Bob Odenkirk como protagonista me sorprendió en su día cuando se
anunció la película, y más sorpresa me he llevado al comprobar que funciona a
las mil maravillas. Está bien verle en la gran pantalla en un rol diferente al
que tuvo en el universo Breaking Bad, sobre todo en la excelente
Better Call Saul,
de donde rescata algunos gestos muy característicos y los traslada aquí con
bastante acierto.
Escribo esto años después de su estreno y con su secuela ya estrenada, de la que
por cierto también tenéis opinión
aquí, y lo hago
porque, en el fondo, debo admitir que he vuelto a ella. Y eso, al final, algo
bueno dirá de la misma.