Looney Tunes: Space Race
Más de veinte años después, vuelvo a uno de los juegos que marcaron mi infancia para comprobar cuánto había de nostalgia y cuánto de méritos propios.
Space Race es una experiencia de la que quería hablar desde que abrí este
pequeño espacio. Mi idea inicial era hacerlo desde la nostalgia, pero, siendo
conocedor de primera mano de lo traicionera que puede llegar a ser, decidí darle
una vuelta de nuevo antes de soltar una opinión.
Mi consola favorita es la PlayStation 2 y, de lejos, sigue siendo el mejor
regalo que he recibido nunca en una noche de Reyes Magos. Acompañándola venía
este fantástico juego, al que dediqué cientos de horas. Y ahora, más de 20 años
después, he decidido retomarlo, darle una nueva vuelta y puedo, y debo, decir
que lo he disfrutado tanto como en mi niñez.
El género de los juegos de karts tiene sus reyes en títulos como Crash Team
Racing y, por supuesto, por calidad, popularidad y ventas, con la saga Mario
Kart sentada en el trono. A mí me gusta pensar que, de vez en cuando, el tercero
en discordia es este Looney Tunes: Space Race.
Tengo motivos de sobra, que procederé a explicar, para pensar que no voy
demasiado desencaminado. Aunque también tengo mis dudas, sobre todo porque me he
dejado por el camino demasiados títulos del género sin jugar.
A pesar de ser un juego que puedes terminar prácticamente de una sentada en una
tarde, se trata de una experiencia muy rejugable y que gana muchísimo gracias a
su multijugador local.
Cuenta con una variedad de escenarios galácticos de lo más interesante y con
diseños realmente preciosos. El elenco de corredores está formado por algunos de
los personajes más conocidos de los Looney Tunes y cada uno cuenta con su propio
vehículo y unas características particulares. Algunos tienen mejor giro, otros
más aceleración, velocidad... Así que, dependiendo de tu manera de competir,
puedes decidir cuál se ajusta mejor a tus gustos.
Los mapas y personajes adicionales que puedes utilizar posteriormente en el
multijugador local tienes que ganártelos. Para desbloquearlos necesitas monedas
que consigues jugando la campaña principal.
Todo un gusto eso de desbloquear contenido jugando y que no te cobren por él en
forma de DLC. Éramos tan felices y no lo sabíamos.
Lo que caracteriza sobre todo a este género son sus carreras alocadas, capaces
de cambiar por completo de un momento a otro gracias al uso de objetos, trampas
y atajos contra tus rivales.
Space Race cuenta con un repertorio bastante amplio: agujeros que aparecen en la
pista, pistolas láser capaces de desintegrar temporalmente al enemigo, puños con
muelle, objetos que caen sobre los corredores, cajas falsas y explosivas... Hay
bastantes posibilidades para hacerle la vida imposible al resto.
Lástima que el juego esté programado con un rubber banding bastante evidente.
Los corredores controlados por la máquina adaptan demasiado su ritmo al tuyo,
provocando que las competiciones se mantengan constantemente ajustadas y
haciendo también bastante difícil que llegues a quedarte realmente atrás.
Es algo que he experimentado y notado especialmente ahora, después de volver al
juego sabiendo de la existencia de este tipo de técnicas utilizadas para
mantener las carreras igualadas y emocionantes. Y aquí, una vez sabes lo que
está pasando, llega a notarse demasiado.
Pero para el Sergio niño aquello funcionaba de maravilla.
Como ya he dicho, y no me escondo, no es un género que tenga especialmente
controlado. Aun así, quiero destacar algo de este título que desconozco hasta
qué punto está presente en otros juegos similares, pero que desde luego consigue
darle a Space Race un toque muy particular: los distintos tipos de carreras con
condiciones especiales.
Por ejemplo, nos encontramos con competiciones en las que caen constantemente
objetos del cielo que pueden aplastarte o contra los que puedes chocar; carreras
en las que prácticamente todas las cajas de objetos son explosivas; circuitos
donde aparecen agujeros constantemente sobre la superficie de la pista...
Son pequeñas variaciones sobre la carrera tradicional, pero consiguen que el
juego no se limite simplemente a repetir una sucesión de circuitos cambiando
únicamente el escenario.
En una época en la que se producían juegos basados en licencias prácticamente a
puñados salieron auténticas barbaridades, pero también surgieron muchas pequeñas
joyas que quizá nunca recibieron demasiado reconocimiento.
Y Looney Tunes: Space Race, para mí, es una de ellas.
Puede que parte de mi cariño hacia él venga inevitablemente de la nostalgia.
Sería absurdo negarlo. Pero haber regresado más de veinte años después y seguir
encontrándome un juego tan divertido me ha servido precisamente para comprobar
que no todo era cosa de mis recuerdos.
Por diversión, nostalgia y, sobre todo, por méritos propios, Space Race sigue
ocupando un lugar privilegiado para mí.