Sly 2: Ladrones De Guante Blanco
Una aventura con muchísimo encanto, personajes inolvidables y ese sabor especial de los grandes clásicos de PlayStation 2.
Hubo una época en la que los videojuegos parecían vivir su mejor momento. Tal
vez habla la nostalgia… o tal vez no. Quienes crecimos con una PlayStation 2
bajo el brazo vivimos una era difícil de igualar. Entre joyas como
Ratchet & Clank,
Jak and Daxter
o
Crash Bandicoot, la consola de Sony ofrecía un catálogo prácticamente
inabarcable, lleno de títulos memorables que marcaron a toda una generación. Y
fue precisamente gracias a una demo incluida en Ratchet & Clank 3, mi entrega
favorita de esa saga, que descubrí uno de los grandes juegos de mi infancia:
Sly 2: Ladrones de Guante Blanco. Recuerdo quedarme enganchado durante
horas a esa pequeña muestra, repitiendo una y otra vez las misiones ambientadas
en las calles de París, persiguiendo a Dimitri y aprovechando para explorar el
mapa, aunque eso supusiera fallar la misión. Fue así como conocí a uno de esos
títulos que te acompañan toda la vida.
En este título, nos ponemos a los mandos de Sly Cooper, un mapache ladrón con un
gran sentido del humor y aún mayor carisma, y de sus grandes e inseparables
amigos desde el orfanato: Bentley, una tortuga experta en tecnología y
estrategia, y Murray, un hipopótamo fortachón con alma de niño.
El objetivo de la banda esta vez es recuperar las piezas del malvado Clockwerk,
el gran antagonista del primer juego, antes de que una organización criminal
conocida como la banda Klaww las utilice para sus propios fines de maneras muy
originales. Cada capítulo nos traslada a un país distinto (Francia, República
Checa, India, etc.), con escenarios semiabiertos que podemos explorar a fondo,
recogiendo coleccionables my bien colocados, robando a los guardias o
infiltrándonos para cumplir la misión principal.
Una de las grandes novedades de esta segunda entrega es que, a lo largo de la
aventura, controlaremos a los tres personajes, pudiendo escoger con cuál jugar y
explorar el mundo en cada instante. Esto hace que la aventura se sienta siempre
fresca, ya que la jugabilidad, la manera de abordar los enfrentamientos o las
propias misiones que se le otorgan a cada uno se sienten siempre muy variadas.
La historia enfatiza mucho el sentimiento de unión, equipo y lealtad en todo
momento, y tiene algún giro de guion interesante a lo largo de la aventura.
Esto, unido a unos villanos casi tan carismáticos como nuestro protagonista,
conforma una historia muy bien llevada que va acompañada en todo momento por una
banda sonora de estilo jazz que hace que te sumerjas aún más en esta trama de
robos.
Sucker Punch parece haber seguido otro camino con el tiempo y no parece que esta
saga reviva al menos a corto plazo, una lástima porque tiene un gran potencial.
Honestamente, creo que el mayor golpe que dio Sly junto a sus amigos fue, sin
duda, robarnos el corazón a todos los que lo jugamos.