Videojuego / Reseña

Crash Bandicoot 4: It's About Time

2020 Plataformas Toys for Bob

Un regreso exigente, divertidísimo y muy bien diseñado que demuestra que Crash sigue teniendo mucho que decir dentro del género.

Título Crash Bandicoot 4: It's About Time
Tipo Videojuego
Año 2020
Desarrolladora Toys for Bob
Género Plataformas

Mucho he tenido que esperar para poder jugar a este videojuego. Y no solo porque hayan pasado muchos años desde Crash 4: La venganza de Cortex, sino porque, en el mundo actual de estrenos frenéticos en el que vivimos, atrapados por el FOMO constante, han pasado varios años desde su lanzamiento hasta que por fin lo he tenido en mis manos y le he podido dedicar el tiempo que merece.

Crash es una de mis franquicias favoritas. La que en su día fue la mascota no oficial de Sony fue también una de mis puertas de entrada a este mundillo gracias a PlayStation 1 y, en concreto, al fantástico Warped. Durante un tiempo fue mi top 1 personal, y ya sabemos que los primeros amores son pasionales y no se olvidan con facilidad.

Tanto es así que puede que la espera, la nostalgia y la posición casi unánime que ha ocupado este juego en la crítica, siendo este ensalzado como uno de los mejores plataformas de la historia, me hayan jugado una mala pasada.

Voy a empezar por aquí para quitarme este peso de encima y poder continuar con el resto. No digo que sea un mal videojuego y de hecho, entiendo perfectamente el punto de vista tanto de la crítica como de los fans que lo colocan en ese podio histórico. Lo comprendo y, desde un punto de vista objetivo, incluso lo comparto. El problema lo tengo yo, con mis expectativas y con la nostalgia. He sido incapaz de jugarlo sin entrar en comparaciones absurdas.

El juego presenta un apartado visual y artístico que se aleja ligeramente de lo visto en las cuatro primeras entregas principales. No es un cambio exagerado y, de hecho, sobre el papel es la evolución lógica de la saga a los tiempos actuales. Pero quizá esperaba reencontrarme con aquellos diseños, decorados y mundos que vi cuando era un niño, olvidando que ya no lo soy y que el mundo ha seguido girando alrededor del sol unas cuantas decenas de veces desde entonces.

Imagen intermedia en el contenido

Una vez superado este primer escollo haciendo un poco de trampas y usando la skin clásica de Crash para sentirme más a gusto, el resto ha ido prácticamente rodado. Prácticamente, y no del todo, por dos o tres decisiones que quiero señalar antes de pasar a hablar de sus infinitas virtudes y de por qué estamos ante un referente histórico del género.

Siguiendo con el apartado artístico, no entiendo la decisión de dar un paso atrás respecto al hub central de niveles. El sistema utilizado en juegos como Warped o La venganza de Cortex es ya marca de la casa, algo histórico y fácilmente reconocible de la franquicia. Pasar de aquel espacio central con libertad de movimiento a un mapa cenital en 2D donde avanzamos de punto a punto me parece, sinceramente, un retroceso.

Por otro lado, aunque estamos ante un videojuego divertidísimo y extremadamente retante, también es un título que no se permite salir del plataformeo como sí hicieron algunas entregas anteriores. He echado en falta cierta valentía por parte del estudio para ofrecernos alguna idea rompedora en uno o dos niveles concretos: carreras en moto, avionetas, fases acuáticas… Aquí todo está centrado en el plataformeo puro, de manera exquisita, refinadísima, pero sin arriesgar en ese sentido.

Y por último, y prometo que dejo de ponerle pegas, está la versión de Nintendo Switch, que es donde he podido disfrutarlo. El rendimiento y la resolución, por momentos, resultan difíciles de justificar. Estamos ante una versión claramente inferior respecto a las consolas de sobremesa, algo que empaña ligeramente la experiencia.

La música es una reimaginación de la original, con nuevos temas que saben ser reconocibles y respetuosos con lo ya conocido. La historia es simple, directa, y no es donde radica la importancia de este título. Y esto no es algo negativo: no podemos ni debemos esperar una narrativa que nos cambie la vida en un juego de estas características.

Y ahora sí, toca hablar de lo bueno.

Tras muchos años apareciendo únicamente en easter eggs, juegos corales o entregas que se alejaban demasiado de la propuesta original como Crash of the Titans llegó el auténtico regalo divino: Crash N. Sane Trilogy. Un trabajo excepcional que, más que un remaster, parecía un remake hecho con mimo, respeto y cariño, acercando al personaje a nuevas generaciones.

El éxito de este título fue, sin duda, el trampolín que permitió a Toys for Bob desarrollar una cuarta entrega oficial que continuase directamente después de Warped, olvidando el resto de secuelas… entre ellas, muy a mi pesar, La venganza de Cortex, que siempre defenderé como una entrega totalmente digna.

Además del nuevo enfoque artístico, esta entrega introduce un montón de novedades jugables. La más evidente es el sistema de vidas. Por un lado, tenemos el modo clásico, donde cada muerte nos resta una vida hasta llegar a cero, ideal para quienes buscan una experiencia más tradicional. Por otro, el modo recomendado por el propio juego: vidas ilimitadas, donde las muertes solo cuentan para determinados desafíos, como obtener gemas al morir menos de tres veces por nivel.

Y es que si este es el modo recomendado, es porque a la hora de crear este cóctel de plataformas se les fue un poco la mano con la dificultad. Digo “un poco” por no exagerar, pero para mí es, sin duda, uno de los plataformas más exigentes que he jugado, fácilmente dentro de un top 3 personal.

Ojo: si lo que quieres es completar el juego de principio a fin, la experiencia no resulta especialmente difícil. El problema o la bendición, según se mire llega con su vertiente completista. Ahí el juego se vuelve intenso y pone a prueba tu paciencia, tu constancia y tu capacidad para gestionar el fracaso una y otra vez. Y aquí sí considero que se han pasado de frenada… aunque no lo digo como algo negativo. La dificultad es justa, basada únicamente en habilidad. Fallas tú, mueres tú. No es culpa del diseño ni de un control impreciso. Es un aviso claro para valientes: si queréis el 100%, preparaos para uno de los mayores retos del género.

Para lograrlo, cada nivel exige completar múltiples objetivos:

- Gema por completar el nivel.

- Gemas por recoger un alto porcentaje de frutas Wumpa.

- Gema por destruir todas las cajas.

- Gema oculta.

- Gema por morir menos de tres veces.

Y, además, las gemas del modo contrarreloj.

Como podéis imaginar, completar cada nivel al 100% es un desafío mayúsculo. La trilogía original ya tenía picos de dificultad memorables nunca olvidaré el maldito puente de Crash 1, pero aquí el listón se eleva de forma considerable.

Para los amantes de este enfoque completista, este puede ser el mayor atractivo del juego. Además, se recompensa con skins desbloqueables, un añadido simpático, aunque todos sabemos que el verdadero premio es la superación personal.

A esto se suman los niveles protagonizados por otros personajes. Tawna y su gancho, Dingodile y su aspiradora, o el propio Neo Cortex con su pistola de rayos, que aportan nuevas dinámicas que se integran de forma inteligente en el diseño de niveles.

Y por si fuera poco, se introducen nuevas máscaras con habilidades como ralentizar el tiempo o alterar la gravedad, que aportan frescura tanto a la jugabilidad como a la estructura de los niveles.

Imagen intermedia en el contenido

Mención especial merecen los niveles experimentales de Cortex, accesibles al encontrar ciertas cintas VHS, que personalmente me han parecido los más difíciles del juego, y los niveles en modo N. Version, que ofrece versiones alternativas de cada fase con cambios visuales y jugables que aumentan aún más la rejugabilidad.

Imagen intermedia en el contenido

El trabajo es sensacional: divertido, pulido, exigente y tremendamente rejugable. Pocos motivos hay para no acercarse a este videojuego.

Crash Bandicoot 4: It’s About Time no solo es un regreso digno, es una declaración de intenciones. Puede que no conecte de inmediato con todos los recuerdos idealizados del pasado, pero cuando se le da la oportunidad, demuestra que Crash sigue teniendo un lugar privilegiado en el género de las plataformas. Exigente y tremendamente bien diseñado, es un juego que busca complacerte y retarte.

JoystickFilms

Valoración individual

¿Te ha gustado esta reseña?