Peacemaker T2
Una segunda temporada que mejora lo anterior con más humor, más emoción y un grupo de personajes todavía más sólido.
Tras una primera temporada a la que me acerqué con cierta incertidumbre, y algo
de distancia, por no saber exactamente qué me iba a encontrar, a pesar de James
Gunn suele ser un valor seguro y tener debilidad por John Cena y su personaje,
ya visto en
The Suicide Squad, me encontré con una serie cargada de humor y con un
tono perfectamente definido, marca de la casa del director. Esa primera
temporada sirvió, una vez más, como ya me ocurrió con su reciente Superman, para
callarme la boca y disipar cualquier duda que pudiera tener sobre Gunn. En cada
proyecto suyo demuestra que domina el género, sobre todo cuando la historia
necesita equilibrio entre acción y comedia. Una de sus señas más reconocibles
son esas secuencias de acción acompañadas de momentos musicales que encajan a la
perfección con el tono de lo que cuenta.
The Peacemaker tiene todos esos elementos: acción, música, humor y emoción.
Hemos visto escenas trepidantes, momentos donde la música se coloca como gran
protagonista y un humor tan característico que ya solo puede firmar James Gunn.
Y aun así, no sé por qué siempre me quedan dudas antes de ver algo suyo, hasta
que vuelve a demostrar que no falla.
Creo, sin duda, que esta temporada le da una vez más a James Gunn el
reconocimiento que merece como alguien que sabe dirigir, como nadie, a un grupo
de superhéroes. Aquí lo importante no son solo las peleas o el espectáculo
visual, sino los personajes: cada uno con sus heridas, sus miedos y sus
inseguridades. La serie habla de cómo esas fragilidades se entrelazan y de cómo
el apoyo mutuo entre ellos se convierte en el verdadero superpoder capaz de
solucionar cualquier conflicto externo e interno. A través del humor, consigue
explorar temas muy serios como la soledad, la aceptación personal o la búsqueda
del perdón, y lo hace sin perder el ritmo ni el tono. Esa combinación entre
comedia y emoción es lo que convierte a The Peacemaker en algo especial.
En esta segunda temporada estamos ante más, pero mejor. Si la primera sirvió
para engancharme al personaje y disfrutarlo como un placer culpable, sin
reinventar la rueda pero construyendo sobre la idea del grupo de inadaptados que
ya había explorado en Guardianes de la Galaxia, aquí se da un paso más de manera
firme. La ventaja de una serie es que dispone de más tiempo para desarrollar a
sus personajes, y eso se nota. En la primera temporada veíamos cómo se formaba
el grupo, cómo chocaban sus personalidades y cómo afrontaban las amenazas
externas. En esta segunda, el grupo ya está asentado: se conocen, saben de qué
pie cojea cada uno, y es ahí donde surgen los verdaderos conflictos internos y
pueden mostrarse tal y como son. La serie evoluciona hacia algo más profundo,
más emocional, sin perder su tono gamberro.
Además, el humor en esta temporada está mucho mejor medido. Creedme, funciona de
principio a fin. Es un humor sin filtros, cargado de tacos y referencias
sexuales y cayendo en lo gratuito, cosa que me encanta. A eso se suma un
conjunto de nuevos personajes que aportan frescura, tanto en lo cómico como en
lo narrativo. Algunos actúan como aliados, otros como antagonistas, pero todos
ayudan a seguir desarrollando los arcos del grupo principal.
En cuanto a la trama, sin entrar en spoilers, la temporada juega con la idea de
los universos paralelos. Y aunque este concepto está bastante gastado en el cine
de superhéroes actual, aquí se aborda desde una perspectiva distinta. No se
centra tanto en el espectáculo de los mundos alternativos, sino en lo que uno de
esos mundo representa y significa para nuestro protagonista. Nos habla de
aceptar quién eres, de valorar lo que tienes y de entender que no siempre lo que
deseas en otro lugar sería mejor. Aunque comento que no cae en los mismos que el
resto de películas del genero en el apartado de los mundos paralelos, aquí también
hay hueco para esos cameos inesperados y sorprendentes.
A priori podría parecer complicado tratar temas tan serios en una serie plagada
de humor, pero precisamente eso la hace más potente. Los momentos cómicos no
restan intensidad, sino que potencian esos instantes gracias al
contraste. Las relaciones entre ellos, los choques de personalidad, la
vulnerabilidad de cada uno… todo eso la hace profundamente humana. Es fácil
empatizar con personajes rotos y contradictorios, mucho más que con los héroes
perfectos de siempre. Ahí esta la magia y el corazón de esta serie.
Si tuviera que ponerle un pero, sería el cierre del último episodio. No porque
sea malo, de hecho, es un capítulo muy sólido y satisfactorio, sino por un
momento final algo anticlimático. Da la sensación de que no han querido cerrar
del todo la trama y han preferido abrir una nueva justo cuando parecía que todo
terminaba. Entiendo que sirve como cliffhanger para el futuro del DCU, pero
rompe un poco el tono final. Personalmente, creo que esa escena habría
funcionado mejor como una secuencia postcréditos. Además, la introducción de esa
nueva subtrama y en general todo lo que ocurre a lo largo del último episodio se
siente algo acelerada, como si no hubiese estado planificada desde el principio.
Por suerte, todo apunta a que podremos seguir disfrutando de este universo y de
estos personajes. Recordemos que The Peacemaker fue uno de los pocos proyectos
del antiguo DC Universe que James Gunn decidió mantener como canon en esta nueva
etapa. De hecho, el primer episodio de esta segunda temporada incluye un pequeño
cambio respecto al final de la anterior, precisamente para justificar esa
integración dentro del nuevo universo. Es un detalle sutil, pero da coherencia a
todo y abre la puerta a futuras historias que viendo el buen arranque con Gunn a
los mandos promete horas de emoción y diversión.
Por último, hay que destacar el tremendo trabajo actoral del reparto. Cada uno
tiene su momento para brillar y dejar huella. Y, por supuesto, hay que mencionar
a John Cena. Creo que durante mucho tiempo se le ha infravalorado, yo entre ellos, tildándolo de
actor limitado a papeles cómicos de “tipo duro y tontorrón”, quizá por su pasado
en la WWE. Pero esta temporada demuestra su crecimiento como intérprete. Logra
equilibrar la comedia con la vulnerabilidad de su personaje y ofrece una
interpretación sorprendente. Me alegra ver esa evolución, porque confirma que
The Peacemaker no solo ha crecido como serie, sino también espero como
escaparate para el talento de todos los que la componen.
En definitiva, esta segunda temporada consolida a The Peacemaker como una de las
propuestas más sólidas, entretenidas y humanas del actual panorama y una de
las series del género que más he podido disfrutar. Y si algo
deja claro esta entrega es que, entre tanto multiverso, tanto héroe perfecto y
tanta épica vacía, aún hay espacio para historias que, entre risas y guitarras
eléctricas, saben tocarte de verdad o al menos sacarte unas cuantas carcajadas
tras un día algo gris.