Better Call Saul
Una de las series más sólidas y emocionantes de la televisión reciente, capaz de expandir el universo de Breaking Bad hasta, para muchos, incluso superarlo.
Sí, Better Call Saul es mejor que Breaking Bad
Confieso que tenía miedo. Better Call Saul era una apuesta arriesgada. Breaking
Bad había sido, durante años, mi serie favorita: una obra cerrada y casi
perfecta. La idea de expandir su universo me provocaba una mezcla de curiosidad
y desconfianza. Porque sí, Saul Goodman era un personaje inolvidable, pero
también un secundario, alguien que funcionaba bien en pequeñas dosis dentro de
ese universo formado por el gran
Vince Gilligan. ¿Realmente tenía sentido convertirlo en el eje de su propia historia?
Better
Call Saul no empieza como muchos esperaban. Lejos de sumergirse directamente en
el mundo del crimen, la serie toma un desvío: opta por la contención, por la
calma. Nada de metanfetamina, nada de violencia gratuita ni grandes villanos
desde el primer episodio. En su lugar, encontramos a Jimmy McGill, un abogado
sin prestigio, sin clientes, que vive a la sombra de su hermano Chuck. Lucha por
sobrevivir con pequeños casos y, más allá de eso, lucha por demostrar que es
algo más.
Cada puerta que
Jimmy McGill
intenta abrir se le cierra en la cara. Por eso, cuando recurre a pequeños
atajos, al principio lo hace con cierta culpa, casi como un niño que quiere
salirse con la suya sin hacer daño a nadie. El problema es que, cuanto más se
acerca a ese mundo turbio, más cómodo empieza a sentirse en él. Empieza a verse
con más potencial, con más poder, y entra en una espiral de la que es difícil
salir.
Tras
63 capítulos y seis temporadas, me quito la máscara y confieso. Cada minuto de
este camino ha merecido la pena. En mi opinión, Better Call Saul no solo ha
estado a la altura de su obra madre, sino que la ha superado. No solo me ha
hecho disfrutar como espectador, sino que también me ha proporcionado algunas de
las emociones y reflexiones más intensas que he experimentado frente a un
producto audiovisual. Hay momentos de esta serie que se me han quedado grabados
a fuego, tanto por lo que pasa dentro de la pantalla como por lo que me ha hecho
sentir mientras la veía.
A
veces parece que Better Call Saul ya estaba escrita mucho antes de que Breaking
Bad se conceptualizara. Su guion es de una solidez que cuesta creer, sin
fisuras, tanto dentro de sí misma como en la forma en la que conecta con
asombrosa precisión con el universo de Breaking Bad. Cada giro, cada decisión,
cada detalle y objeto tiene un propósito. Aquí no hay cabos sueltos ni giros
gratuitos. Todo respira coherencia y visión a largo plazo.
Y
si hay un nombre que sobresale detrás de todo esto, antes de adentrarnos en cada
uno de los personajes de la serie, ese es el de Vince Gilligan. Su estilo es
inconfundible:
- El gusto por el detalle.
- Los silencios que dicen más que los diálogos.
-
Esa capacidad para construir tensión incluso en una escena donde, aparentemente,
no pasa nada.
- Su respeto absoluto por cada momento.
Su estilo, compartido con Peter Gould, co-creador de Better Call Saul, no se
basa en el espectáculo, sino en la profundidad emocional. Aquí, los mayores
movimientos se producen dentro de cada personaje y, a la par, dentro de ti.
Otra
de las cosas que hacen de Better Call Saul algo tan especial es cómo le da
importancia a los detalles, incluso a los que al principio parecen no tenerla.
Hay planos, objetos, escenas que pueden parecer simples... pero que acaban
teniendo un peso brutal cuando todo encaja.
No es solo que haya objetos con significado, es que la serie los trata como
si fueran parte viva de la historia. Una botella, un muñeco, ... cosas pequeñas
que, de repente, te cuentan más que un diálogo entero. Y lo mismo pasa con
algunas escenas: secuencias que parecen no tener nada que ver con lo que está
pasando, como una simple revisión en la frontera o una acción cotidiana, pero
que luego, al avanzar la historia, adquieren otro sentido.
Como
ya he comentado, los primeros pasos de Better Call Saul se construyen a fuego
lento. La serie no tiene miedo a alejarse del llamativo mundo criminal que
podrías esperar tras venir de Breaking Bad. En lugar de eso, prefiere cocinar un
plato más reposado, más íntimo, más humano.
Las primeras temporadas se centran en presentarte su universo: sus
personajes, sus entornos, sus códigos. Coloca con paciencia las primeras piezas
de un puzle complejo o, mejor dicho, de un dominó en el que cada ficha que cae
afecta a las demás. Nada está puesto al azar.
Una
de las cosas que más me sorprendió con el tiempo fue lo vivos que están todos
sus personajes. Están conectados entre sí, sí, pero sobre todo están construidos
con una profundidad brutal. Todos tienen un pasado; todos cargan con traumas,
creencias, valores, manías, virtudes y defectos. Se mueven en una escala de
grises tan rica que cuesta no sentir algo por cada uno de ellos, incluso por
aquellos con los que, en principio, no compartes nada. Ninguno está idealizado
ni resulta forzado. Son personajes que se sienten humanos, demasiado humanos.
Y
aunque no siempre compartas lo que piensan o hacen, hay algo en su carisma, o en
una interpretación perfecta, que termina por atraparte. Porque aquí los
personajes no son peones de la trama, son la trama.
Sí,
Jimmy McGill o Saul Goodman, o Gene Takavic es el protagonista de esta historia.
Todo gira en torno a él. Es su transformación la que da forma a la serie… pero
Better Call Saul no sería lo que es sin los demás. Porque esta no es solo la
historia de un hombre, es la historia de todos los que orbitan a su alrededor.
Cada personaje tiene su momento, su peso, su arco. No hay secundarios de relleno ni presencias decorativas. Aquí todos importan. Todos están escritos con una intención tan cuidada que por momentos puedes sentir que la serie se desvía del protagonista... pero nunca para perderse, sino para enriquecer aún más lo que cuenta. Cuando te das cuenta de que te importa tanto lo que le pasa a Kim, a Nacho, a Chuck, a Mike, o incluso a personajes que al principio parecían anecdóticos, es cuando entiendes de verdad que Better Call Saul juega en otra liga.
Aunque a priori Better Call Saul se presentaba como una precuela de Breaking
Bad, en realidad funciona a la vez como precuela, presente y secuela. Su
estructura temporal es uno de los mayores logros narrativos de la serie, ya que
mezcla:
-
El pasado
(la vida de Jimmy McGill antes de ser Saul Goodman).
-
El presente
(momentos que ocurren durante los eventos de Breaking Bad, mostrando el otro
lado de escenas clave desde la perspectiva de Saul).
-
El futuro
(tras Breaking Bad, en escenas en blanco y negro donde usa una nueva identidad:
Gene Takavic).
¿Por qué el blanco y negro?
Las escenas del futuro están rodadas en blanco y negro como símbolo de lo que ha
quedado de Saul. Un hombre vacío, sin color, sin identidad. Representa su muerte
simbólica tras los excesos, el crimen y la pérdida total del control.
La historia arranca años antes de Breaking Bad. Jimmy McGill es un
abogado carismático pero sin éxito y con un pasado como estafador. Intenta
ganarse la aprobación de su hermano,
Chuck, un abogado prestigioso que sufre una extraña enfermedad
relacionada con la electricidad, aunque más adelante se entiende que tiene
componentes psicológicos. Lo que Jimmy no sabe es que Chuck lo considera
inferior y lucha en secreto para que nunca tenga éxito.
Poco
a poco, Jimmy se va hartando del sistema legal tradicional y empieza a tomar
atajos morales, buscando el camino fácil mediante engaños, manipulación y su
indiscutible carisma. Para completar su transformación en Saul Goodman, Jimmy
debe traicionar y pisar a su hermano, exponiendo públicamente sus problemas
mentales. Este acto definitivo marca la ruptura total con su identidad anterior.
Así nace Saul Goodman, un personaje más vendible, un abogado showman para
criminales y desesperados.
Chuck,
su hermano, lo señala en un momento: si algo no se le puede negar a Jimmy es que
es muy trabajador e ingenioso. Cuando se le pone a tiro una oportunidad, va
hasta el final, asumiendo todas las consecuencias con tal de conseguir lo que
busca. Da igual lo que piensen los demás, da igual las puertas que se le cierren
o los muros que deba trepar... llegará hasta el final, sea como sea.
Esta
actitud, en cierta manera envidiable, genera en la serie momentos icónicos,
pensados y maquinados al detalle. Muchas veces son sencillos, pero por cómo se
plantean, parecen planes de un genio que va a robar una cámara acorazada del
banco más seguro de la historia.
Ejemplos
como el de cambiar a mano el número postal de unos documentos en una papelería o
aquel en el que, con una labia increíble, logra que Tuco Salamanca acepte
partirle una pierna a los hermanos patinadores en lugar de matarlos, son escenas
que demuestran el tipo de genio que es Jimmy. No necesita pistolas. Solo le
basta con palabras, con ingenio y con su don para dar la vuelta a cualquier
situación. Y lo mejor de todo es que, tras conseguirlo, deja frases como: "Os he
rebajado la condena de pena de muerte a seis meses de arresto domiciliario. Soy
el mejor abogado del mundo"
Breaking
Bad nos presentó a Walter, un profesor que cae en una espiral negativa de la que
no logra salir y que cruza en innumerables ocasiones líneas rojas. Esto
contrasta con Jimmy. Es un tramposo, sí. Es egoísta, sí. Manipulador, sí. Un
charlatán... también. Pero bajo Saul o bajo Takavic, no deja de ser Jimmy. Y su
esencia no la pierde.
Juega
y bordea en numerosas ocasiones esas líneas rojas. Las pisa, tropieza con ellas
y muchas veces arrastra con él a los más cercanos. Pero no es lo mismo. Jimmy
juega a conveniencia o por supervivencia caminando por esa línea, pero al
contrario que Walter hay límites que no cruza.
A
pesar de todo, es incapaz de matar, incluso si esto le supone un arresto. Un
ejemplo claro: cuando en los últimos episodios tiene la oportunidad de eliminar
a Marion (la anciana interpretada por Carol Burnett), que lo ha descubierto,
Jimmy, ya como Gene, durante unos segundos parece que va a estrangularla, con el
cable del teléfono y esto le daría la oportunidad de seguir libre pero no puede
hacerlo. Titubea, la observa, y se detiene. Es entonces cuando ella logra
activar su Life Alert y avisar a la policía. Ese momento lo define: incluso con
todo en su contra, no puede matar, tiene valores.
La
forma de vestir de Jimmy McGill (y después Saul Goodman) no es un detalle menor,
es parte de su personaje, su armadura, su disfraz.
Jimmy empieza vistiéndose como lo que es: un abogado de clase baja, con
trajes baratos, poco gusto, pero sin llamar mucho la atención. Es un hombre que
todavía quiere ser aceptado dentro del sistema, que quiere demostrar que puede
jugar con las reglas, que puede entrar al club de los "abogados de verdad". Pero
ese traje no le queda cómodo. No es él.
Con
el nacimiento de Saul Goodman, esa estética explota. Trajes estridentes,
combinaciones imposibles de colores, camisas con dibujos, corbatas horteras,
joyas, peinados exagerados. Pero ese estilo responde a una lógica muy clara,
quiere llamar la atención, quiere vender, quiere destacar. No le interesa ser
respetado por el colegio de abogados. Le interesa que lo reconozcan los clientes
que necesitan a alguien como él. Su imagen no busca respeto. Busca impacto.
Su
estética no tiene matices: es puro show. Un abogado que se anuncia en la tele
con música pegadiza, con frases absurdas, y que convierte el sistema legal en un
circo. Pero ese exceso esconde al Jimmy inseguro, al que nunca se sintió
suficiente, al que su propio hermano trató como un fraude.
Luego,
cuando se convierte en Gene Takavic, toda esa fachada se derrumba. Se esconde
bajo ropa gris e irrelevante. Desaparece. Pasa de los trajes horteras a un
uniforme de trabajo de Cinnabon. No queda nada de Saul.
Pero incluso así, cuando regresa a las andadas en los últimos capítulos,
hay algo del showman que vuelve. La diferencia es que esta vez ya no lo hace por
sobrevivir. Lo hace porque lo necesita. Porque sin ese personaje, no sabe quién
es.
Es simplemente impresionante como a pesar de ser una escena en blanco y negro
eres capaz de ver los colores del traje en esa ultima y breve "aparición" de
Saul Goodman esposado camino de su juicio al final de la serie. En este momento
tienes ya interiorizado al personaje de manera perfecta.
Más arriba mencioné a Tuco... uno de los personajes que regresa desde la serie
original, y no es el único. Prácticamente todos los personajes principales
vuelven a aparecer aquí. Algunos, como Tuco, solo están de paso durante unos
pocos episodios, pero otros, como Mike, tienen un papel mucho más destacado,
casi tan protagonistas como Saul. De hecho, todos los personajes importantes
tienen un peso narrativo significativo, lo que permite profundizar en sus
historias, sus valores y cómo evolucionan a lo largo del tiempo.
Por
ejemplo, descubriremos el origen de la famosa campana de Héctor, los
antecedentes del imperio criminal de varios capos que en Breaking Bad son
figuras importantes, la historia de ese ex policía que se convierte en la mano
derecha de un narcotraficante, o las razones que llevaron a ciertos villanos a
su dureza y poder.
Como
mencioné al principio, parece que esta serie ya estaba cuidadosamente guionizada
incluso antes de que empezara Breaking Bad, porque no presenta fisuras y todo
encaja a la perfección: las tramas, los personajes y sus evoluciones. Eso
refleja un nivel de planificación y detalle que es difícil de encontrar en otras
series.
No
quiero alargarme demasiado con esta parte, porque sinceramente podría tirarme
horas hablando de cada uno de los personajes y aún así me dejaría cosas
importantes sin mencionar. Pero sí que me apetece pararme "un momento" en
algunos de ellos, al menos en los nuevos.
Y
empiezo con Chuck. El gran socio de un prestigioso bufete que, por si fuera
poco, lleva su inicial en el nombre. Un abogado brillante... y un hermano
terrible. Para ser sincero, al principio me costaba mucho conectar con él. Todo
lo que giraba en torno a su figura me resultaba agotador, su enfermedad me
parecía un lastre y me caía especialmente mal. Hasta que, poco a poco, entendí
que ese rechazo era justo lo que la serie quería provocar en mí. Y lo había
conseguido a la perfección.
Chuck
no es un villano clásico, pero sí es el mayor obstáculo de Jimmy. No necesita
recurrir a la violencia ni formar parte de un cártel. Su manera de hacer daño es
más sutil y mucho más cruel. Lo hace desde la condescendencia, desde una
supuesta superioridad moral. Le basta con juzgar en silencio, con frenar sin
decirlo. Se disfraza de buen hermano mientras, por detrás, sabotea cualquier
intento de Jimmy por salir adelante. Y lo peor es que lo hace creyendo estar en
lo correcto. Chuck no quiere a su hermano como igual; lo tolera como un error
inevitable del sistema.
Y
claro, eso deja marca. Jimmy se rompe poco a poco al descubrir que, por más que
se esfuerce, por más que cuide a Chuck, jamás será suficiente. Nunca estará a la
altura para él. Y esa herida es la que acaba empujándolo a dejar de intentarlo.
A asumir que si el mundo no lo va a aceptar como es, entonces se va a
reinventar. Va a hacer las cosas a su manera. Así nace Saul Goodman. No como una
simple evolución, sino como una respuesta a años de frustración, dolor y
rechazo. Chuck, sin quererlo (o quizá queriéndolo), es quien lo lleva a cruzar
esa línea. Es el que enciende la chispa.
Vamos ahora con
Howard Hamlin. El otro gran socio del bufete HHM. Joven, carismático, con
buena planta, sonrisa de anuncio y unos trajes que probablemente cuestan más que
mi coche. Lo ves y parece que lo tiene todo: éxito, reputación, un futuro
brillante en el mundo del derecho. Hasta tiene un tono de color azul con su
nombre. Pero esa imagen es solo la capa más superficial. En realidad, toda esa
fachada está cuidadosamente construida. Es parte del personaje que Howard
interpreta en su propio mundo.
La serie, al principio, juega con nosotros. Nos lo pinta como ese típico
niño rico, arrogante y clasista, que le cierra la puerta a Jimmy sin darle ni
una sola oportunidad. También lo vemos como alguien que frena a Kim, que
representa lo peor de ese sistema legal elitista y cerrado. Y sí, durante un
tiempo nos lo creemos. Jimmy también se lo cree. Howard se convierte en la diana
. Pero lo que está ocurriendo en realidad es que nos están distrayendo. Porque
el verdadero problema está mucho más cerca de Jimmy. Está en casa. Está en
Chuck.
Con el paso del tiempo, Better Call Saul nos desmonta ese prejuicio.
Descubrimos que Howard no era el enemigo. Que él estaba siguiendo instrucciones.
Que sus decisiones, incluso las más cuestionables, venían dictadas por alguien
más arriba. Y cuando por fin se libera de esa influencia, cuando empieza a
actuar por sí mismo, vemos a otro Howard: más vulnerable, más humano... más solo
también. Porque a pesar de tener dinero y una posición envidiable, arrastra
inseguridades que ni todos los trajes de seda pueden tapar. Sufre. Tiene
ansiedad. Va a terapia. Se esfuerza de verdad por hacer lo correcto. Es un
humano más.
Y aun así, Jimmy no lo perdona. ¿Por qué? Porque Howard simboliza todo
lo que Jimmy siente que nunca podrá ser. Es el contraste doloroso: mientras
Jimmy tiene que ganarse cada centímetro con trampas, sudor y en la calle, Howard
parece volar por la vida, encajando perfectamente en un sistema que a Jimmy
siempre lo rechaza. Y aunque en el fondo Howard sí ve potencial en él y en
cierto momento incluso se lo dice esa diferencia de mundos es irreconciliable.
Jimmy no lo soporta. Lo desprecia. Lo envidia.
Lo
más trágico es que Howard nunca fue una mala persona. Era tan solo una pieza más
de este dominó. Alguien atrapado entre la imagen que debía mantener y lo que
realmente sentía. Su destino, es una de las mayores tragedias de la serie y más
inesperadas. Paga por las frustaciones y juegos del resto.
He hablado antes de cómo Better Call Saul trae de vuelta a muchos
personajes emblemáticos de Breaking Bad, y entre ellos, por supuesto, no podía
faltar
Gus Fring. Y voy a ser sincero, para mí, es lo único que chirría un poco.
A ver, no me malinterpretéis. Giancarlo Esposito es un pedazo de actor y su
trabajo en Breaking Bad fue brillante. Pero creo que el personaje ya está
desgastado. Desde que saltó a la fama por este papel, ha repetido prácticamente
el mismo registro una y otra vez en todo lo que ha hecho. Siempre el mismo tipo
frío, calculador, impasible. Y en esta serie, simplemente sigue esa misma línea.
No hay una evolución real. No hay un descubrimiento nuevo. Gus sigue siendo Gus.
Su rol, sus motivaciones, su forma de actuar... todo sigue exactamente igual. Y
ojo, sé que esto es más una percepción personal que un fallo de guion, pero aun
así, me deja una sensación que no consigo quitarme de encima.
En contraste total aparece
Lalo Salamanca. Y aquí sí que no tengo ni una sola queja. Qué personaje.
Qué barbaridad. De verdad, creo que en mi vida había visto a un villano causar
tanto impacto con tan poco tiempo en pantalla. Lalo llega tarde en la serie,
pero cuando aparece... todo cambia. Todo.
Y lo más escalofriante es que lo hace con una sonrisa. Con una presencia
casi seductora, que da auténtico miedo. Tony Dalton está absolutamente inmenso.
Lalo es impredecible, encantador y terrorífico a partes iguales. Nunca sabes si
va a invitarte a cenar y confia en ti o va a matarte. Y eso es justo lo que lo
hace tan peligroso. Es un villano que consigue helarte la sangre con un gesto,
con una mirada.
Además, creo que Lalo cumple una función clave dentro del entramado de Better
Call Saul, es la pieza que une los dos mundos que la serie construye en
paralelo. El mundo legal, íntimo, emocional, de los abogados con Jimmy, Kim,
Chuck y el mundo del crimen, de los carteles, de las decisiones que no tienen
vuelta atrás. Cuando la historia da ese salto tras la caída de Chuck y la
consolidación del personaje de Saul Goodman, es Lalo quien recoge el testigo del
antagonismo. Es quien lleva el conflicto a otro nivel. Es quien vuelve todo
mucho más peligroso.
Y a diferencia de Gus, sí representa algo nuevo.
No puedo ser objetivo con este personaje. Lo de
Nacho
ha sido, para mí, una de las mayores sorpresas de Better Call Saul. Es el
ejemplo perfecto de cómo en esta serie cada personaje es, en realidad, el
protagonista de su propia historia y tiene su momento de brillar. Interpretado
por Michael Mando a quien ya conocíamos por dar vida a uno de los villanos más
icónicos de la historia de los videojuegos, Vaas en Far Cry 3, llega aquí para
hacer de lo que parece ser, en un principio, un "soldadito" más del cartel. Un
tipo de mirada fría, pocas palabras y cara de tipo duro. Nada que no hayamos
visto antes.
Pero
madre mía cómo engaña esa primera impresión. Detrás de esa fachada hay muchísimo
más. Nacho es un joven que tomó malas decisiones, que se vio envuelto en el
mundo del narcotráfico, por la falta de opciones, por un cúmulo de mala suerte.
Pero, a diferencia de otros personajes, él nunca se rinde ante ese mundo. Desde
el primer momento en que intuimos su conflicto interno, su humanidad empieza a
asomar, y no deja de crecer.
En el fondo, Nacho no deja de ser un sobreviviente, alguien que intenta
encontrar una salida, donde las salidas no existen. Y ese deseo de redención se
encarna en su relación con su padre. Su padre es su ancla moral, su razón para
intentar salir del pozo, su línea roja. Y mientras avanza la historia, vemos
cómo Nacho está dispuesto a hacer cualquier cosa, a jugarse la vida una y otra
vez, solo para protegerlo. Le importa más su padre que su propia seguridad. Es,
sin lugar a dudas, uno de los personajes más trágicos y nobles de toda la serie.
Y
sí, tiene un par de huevos bien puestos. Porque no para de jugársela. Desde su
intervención que deja a Héctor Salamanca en silla de ruedas, hasta esa escena
angustiosa donde abre la puerta de la hacienda de Lalo. Nacho es protagonista de
algunos de los momentos más tensos de Better Call Saul.
Lo
que consigue la serie con él es increíble. Convertir a alguien que parecía estar
en un segundo plano en una figura absolutamente central, que pone rostro al
precio real de vivir en la frontera entre el crimen y la redención. Un tipo que,
aun nadando entre narcos y asesinos, logra seguir siendo humano.
Nacho
Varga no es solo uno de los grandes personajes de Better Call Saul. Es, para mí,
uno de los más inolvidables.
Better Call Saul es Kim Wexler.
Better Call Saul es Rhea Seehorn.
La dejo para el final no solo
porque es el personaje más importante y fascinante de toda la serie, sino porque
es el más difícil de explicar. Kim me descoloca. Me resulta cercana y a la vez
misteriosa. Intuyo sus motivos, sus miedos… pero no siempre puedo explicarlos. Y
eso, lejos de ser un problema, es justo lo que la hace tan real.
Kim
arranca como la abogada impecable, inteligente, trabajadora, ambiciosa,
metódica. Pero desde el principio intuimos que hay algo más. Algo dentro que
lucha por salir. Un impulso de romper las normas, de desafiar lo establecido, de
no conformarse con lo que “debería” ser. Y ese algo crece cuando está con Jimmy.
La
relación con Jimmy no es típica. Es una mezcla compleja de amor, admiración y
peligro. Juntos forman una especie de burbuja donde pueden ser ellos mismos sin
filtros. Donde se permiten jugar, retar al sistema, escapar. La famosa botella
de tequila Zafiro Añejo lo simboliza, ese momento íntimo que mezcla deseo, juego
y riesgo.
Pero
el problema es que ese juego tiene límites. Y Kim lo sabe. Sabe que lo que hacen
tiene consecuencias, pero sigue. No por Jimmy. Sigue porque hay algo dentro de
ella que también necesita ese tipo de caos. Una parte de ella que se rebela
contra la imagen de perfección, contra el rol que le han impuesto. Y cuando todo
estalla, cuando Howard muere, es ella la que toma la decisión más radical.
Dejarlo todo.
Deja
a Jimmy, deja su carrera. Se convierte en una sombra. Años después, cuando la
vemos en blanco y negro, vive una vida en la que no decide nada. Ni qué mayonesa
comprar. Y solo entonces entendemos que su castigo no es una condena legal, es
el vacío, la desconexión, el haber renunciado a sí misma.
El reencuentro final entre Jimmy y Kim es doloroso y necesario. No hay perdón
fácil, pero hay comprensión. Hay una última mirada que dice todo lo que las
palabras no pueden. Porque en el fondo Better Call Saul no es una serie de
crímenes ni de abogados. Es una historia sobre dos personas que se quieren, pero
que no saben cómo salvarse mutuamente.
Kim
es el alma porque representa la lucha interna que todos llevamos dentro entre lo
que somos, lo que queremos ser, y lo que estamos dispuestos a perder por el
camino.Es una brujula moral. Cree en Jimmy cuando nadie más lo hace. Y aunque al
final se pierdan el uno al otro, su relación es el corazón de esta serie. Una
relación compleja y devastadora.
Todos tenemos sueños.
Lista de cosas que queremos hacer antes de morir. Hobbies, pasiones... La mía,
sin duda, es el cine y los videojuegos. Si estoy escribiendo esto, si existe
este proyecto, es por culpa de historias como Better Call Saul. Historias que no
se ven solamente sino que se sienten. Que no solo entretienen, sino que te
remueven, te obsesionan, te sacuden por dentro.
Esto no me pasa muy a menudo… pero cuando ocurre, es como enamorarse.
Salir
con los ojos vidriosos del cine. Quedarte sentado en silencio tras un final.
Notar el pecho lleno, la garganta apretada. Me ha pasado con
Interstellar. Con
The Last of Us (Parte I y II). Con
Dune Parte 2. Y evidentemente, con esta serie y más productos que ya comentaré.
Cuando
siento eso, necesito hablar de ello durante horas. Y aunque es difícil trasladar
esta emoción en palabras, me gusta pensar que escribiendo consigo acercar a
otros a esa experiencia. Tal vez tú, que estás leyendo esto, aún no hayas visto
la serie. O tal vez sí, y te ha pasado lo mismo. Sea como sea, gracias por estar
aquí.
Tengo
la suerte de contar con personas con quienes compartir este amor por las
historias. Una de ellas es mi amigo y ahora compañero en esta aventura de
Joystickfilms Sergio
(@PeliYManta_). Pero esto no podía quedarse solo en conversaciones.
Siempre, después de una película, un juego, una serie que me marcaba… pensaba en
abrirme una web y compartir lo que pensaba al mundo. Y ahora es real.
Como
Howard, soy un privilegiado. No por el dinero, ojalá. Pero sí porque tengo una
vida estable, un entorno que me quiere, y la oportunidad de perseguir lo que me
mueve. Aunque eso no significa que sea fácil. La ansiedad, las inseguridades, el
miedo a lo que pensarán quienes lean esto… también están ahí.
Pero como Jimmy, no me rindo.
Jimmy
nunca dejó de intentarlo. A pesar del rechazo, a pesar de las críticas, aunque a
veces duela más de lo que alivia. Eso sí, yo evito los atajos.
Y como Kim, necesitaba esto.
Salir
de una rutina gris que me viene acompañando desde hace unos años. Apostar por
algo que me ilusiona. Volver a sentirme vivo.