La Trampa
Un thriller con buenas intenciones y una puesta en escena musical cuidada, pero muy flojo en guion, ritmo y credibilidad.
Casi toda la película transcurre durante el concierto de la cantante ficticia
Lady Raven, interpretada por Saleka Shyamalan, hija del propio director y
artista musical que compuso expresamente las canciones que su personaje
interpreta. Que tiene talento para la música es innegable, aunque no sea mi
estilo ni mi gusto personal, pero hay que reconocer que la puesta en escena y
las canciones están bien producidas.
Y hasta aquí, lo bueno.
La película, sinceramente, tiene pocas cosas rescatables. Durante el concierto,
padre e hija parecen disfrutar con total normalidad del evento hasta que el
padre, interpretado por Josh Hartnett, empieza a notar algo extraño debido a la
presencia policial masiva en el recinto. A partir de ahí ambos se verán
envueltos en una trampa cuidadosamente preparada para él, y seguiremos su
descubrimiento, huida y desenlace. No entraré en spoilers, pero diré que uno de
los pocos puntos positivos es su duración ajustada, ya que no llega a las dos
horas.
Josh Hartnett, sin ser un actor generacional, siempre me ha parecido bastante
sólido. Recuerdo con cariño su papel en El Caso Slevin, pero aquí como padre
cariñoso y divertido por un lado, y como presa acorralada por otro no logra
encontrar el punto. Su interpretación se siente caricaturizada casi todo el
tiempo. Y no es el único, el resto del reparto también ofrece actuaciones
exageradas que rompen la credibilidad de la historia. Paradójicamente, Saleka,
sin ser actriz profesional, vuelve a destacar por encima del resto, aunque su
actuación tampoco sea especialmente notable.
Otro problema importante es el ritmo. Aunque la película es relativamente corta,
se recrea demasiado en su primer tercio intentando reforzar la relación entre
Cooper y su hija. Se insiste una y otra vez en presentarlo como el padre ideal
que apoya los sueños de su hija, hasta el punto de que el concierto se hace
eterno antes de que comience realmente la trama de persecución. Para colmo, se
introduce un tema serio como el acoso escolar, a través de las supuestas amigas
de la hija y su madre, que podría haber aportado profundidad y un mensaje
importante. Sin embargo, acaba siendo una simple excusa para victimizar más al
personaje de la hija y reforzar la imagen de Cooper como padre ejemplar. La
subtrama, además, se abandona por completo a mitad de la película.
En cuanto al guion, no se sostiene. El protagonista escapa de situaciones límite
de forma casi mágica, y en más de una ocasión los conflictos se resuelven
simplemente saltando de escena y de pronto lo vemos a salvo y un diálogo explica
que logró escapar de tal o cual forma. Es todo tan inverosímil que parece que ni
se atreven a mostrarlo en pantalla.
La película intenta tener dos grandes giros: uno tras el
larguísimo segmento del concierto y otro hacia el final, cuando se revela cómo
se orquestó todo. El problema es que ninguno resulta interesante, ni
sorprendente, ni justificado por cómo se plantea la historia.
Me sorprende ver una película tan poco consistente y tan poco trabajada viniendo
de un director como Shyamalan, que podrá gustar más o menos, pero es un cineasta
experimentado y con amplia trayectoria. La presencia de su hija como protagonista
musical, y de sus otras dos hijas una en un papel secundario y otra como
ayudante de dirección da que pensar. Personalmente, tengo la sensación de que
la película se ha concebido principalmente como un escaparate para impulsar la
carrera musical y actoral de Saleka, más que como una obra cinematográfica. Y si ese era el propósito, quizá lo consiga, pero como producto
audiovisual, la película resulta poco destacable y, en muchos momentos, ni
siquiera entretenida.