Edén
Un thriller con muy buen reparto, una historia llamativa y una propuesta sólida, aunque sin terminar de brillar del todo.
Desconocía los hechos reales en los que se basa
Eden, y quizá por eso me ha sorprendido tanto. Dirigida por
Ron Howard, un nombre más que asentado en la industria, y con un reparto de lujo con
Sydney Sweeney,
Vanessa Kirby,
Ana de Armas,
Jude Law
y
Daniel Brühl.
La peli tiene buen ritmo, y tanto la ambientación como el vestuario están muy
bien elegidos. Todo encaja para que te creas la época y ese aislamiento que
transmite la historia. Pero donde realmente destaca, y donde están sus mejores
momentos, es en dos cosas: las actuaciones y la historia.
Por un lado, el elenco es su mayor punto fuerte. Juntar a tantas caras conocidas
ya te da ventaja de salida, y
Eden
lo aprovecha. Es verdad que el personaje del doctor Friedrich Ritter (Jude Law) y el del marido de la protagonista, Heinz Wittmer (Daniel Brühl),no son lo más destacable, pero cumplen bien su función dentro de la historia y ayudan a dar forma al resto. La fuerza real está en el trío femenino, que lleva todo el peso, sobre todo moral, de la película.
Tengo que decir que, para mi sorpresa,
Sydney Sweeney
se come la película. Su personaje, Margret Wittmer, es el más humano desde el
principio y el que más evoluciona a lo largo de las dos horas que dura. No
significa que los demás estén mal, ni mucho menos. Casi todos los personajes
cambian bastante conforme avanza la historia, aunque el de
Ana de Armas, que interpreta a la baronesa Eloise, se mantiene igual
desde que aparece, y eso hace que acabes odiándola (imagino que a propósito).
Pero lo que transmite Sweeney está a otro nivel: su interpretación es
sensacional, se nota que entiende perfectamente lo que siente su personaje y
consigue conectar de verdad con el espectador. Su desarrollo como personaje es,
para mí, el mayor acierto de la película.
El otro gran punto fuerte es la trama, que es el motor de todo. La historia nos
lleva a la isla de Floreana, en las Galápagos, donde el doctor Friedrich Ritter
(Jude Law) y su compañera Dora Strauch Ritter (Vanessa Kirby) se retiran buscando un paraíso lejos de la sociedad, donde él pueda escribir y vivir según sus ideales. Todo cambia cuando llega una familia: Heinz Wittmer (Daniel Brühl), un exsoldado que busca paz tras la guerra, su mujer Margret (Sydney Sweeney),embarazada y llena de dudas, y su hijo Harry (Jonathan Tittel). Heinz admira al doctor y quiere conocerle, también porque su hijo necesita atención médica, pero esa visita rompe el equilibrio que había en la isla. Ritter, de forma bastante egoísta, decide alojarlos en una zona casi inhabitable para ver si así se marchan pronto y poder continuar viviendo tranquilo y solitario en la isla.
A partir de ahí, la convivencia se va complicando. La historia se convierte en
una reflexión sobre el ego, la hipocresía y la naturaleza humana cuando no hay
normas ni nadie que ponga límites. Y cuando parece que las cosas no pueden ir a
peor, aparece la baronesa Eloise (Ana de Armas),que quiere construir un hotel de lujo para turistas, y eso termina de romper la poca calma que quedaba.
A pesar de ser pocas personas en una isla entera, son incapaces de convivir.
Sale a flote lo peor de cada uno: la envidia, el orgullo, la necesidad constante
de tener razón y de pisar al otro. En lugar de ayudarse, se dedican a
boicotearse, a robarse y a manipularse. Tanto, que el calor, los insectos
mortales o la falta de agua y alimento se acaban sintiendo como lo de menos. El
verdadero peligro son ellos mismos. La película muestra esto muy bien. Lo fácil
habría sido tirar por el camino de la violencia explícita y por momentos la hay,
pero aquí se prefiere que el daño sea mucho más psicológico y retorcido.
Donde creo que flojea un poco es en la parte más filosófica, sobre todo la que
gira alrededor del doctor y sus ideales. Se nota que está ahí para darle un tono
más moral y reflexivo, y para subrayar más el desarrollo de su personaje y su
caída hacia su versión más retorcida y desesperada, pero se me ha hecho más
pesada y me ha costado entrar en ella. No está mal, pero creo que rompe un poco
el ritmo.
Para ser sincero, entré a ver
Eden
por los nombres: el director, el reparto y la música. A los mandos de la banda
sonora está
Hans Zimmer, que siempre es una garantía. No es de sus mejores trabajos,
pero cumple de sobra y le da a la peli ese toque de tensión constante que
necesita.
Con todo esto, el resultado final es una película muy sólida y con una historia
interesante, pero que no termina de destacar del todo. Está bien en casi todo,
pero no brilla especialmente en nada. Aun así, me ha parecido una experiencia
curiosa y con momentos potentes, sobre todo por el trabajo de
Sydney Sweeney.