Devuélvemela
Los hermanos Philippou firman una de las propuestas de terror más sólidas del año, combinando horror psicológico y sobrenatural con una puesta en escena muy cuidada.
Los hermanos Philippou confirman su lugar en el género.
La película Devuélvemela llega a los cines este 2025 de la mano de los hermanos
Danny y Michael Philippou, responsables de
Háblame (2022). Estos directores, que empezaron en YouTube haciendo
cortos, han dado el salto al cine y se están consolidando en este género. Con
Devuélvemela no reinventan el terror, pero sí ofrecen una propuesta con
personalidad.
La trama es sencilla y efectiva. Tras la muerte de su padre, dos hermanos
adolescentes descubren el cadáver y acaban en una casa de acogida hasta que el
hermano mayor alcance la mayoría de edad y pueda hacerse cargo de su hermana,
que es ciega. A partir de ahí se desencadena una historia en la que los temas
principales son la pérdida, el trauma y cómo enfrenta cada personaje todo esto.
Prefiero no dar demasiados detalles para no arruinar la experiencia, porque gran
parte del impacto de esta película está en ir descubriendo poco a poco hacia
dónde se dirige.
El arranque tiene un tono juvenil que al principio no me convenció. Es la parte
más floja y me lo parece porque contrasta con el resto de la cinta casi como si
fuese otro tipo de película. Sin embargo, una vez se adentra en el núcleo de la
historia, la película cambia de tono y se mete de lleno en un horror mucho más
serio y trabajado. Incluso cuando ciertas cosas pueden parecer previsibles, la
película se las ingenia para mantener el interés y resultar muy disfrutable
gracias a cómo está narrada y su puesta en escena.
Una de las cosas que más me ha gustado es cómo divide su terror en dos
vertientes muy claras. Por un lado tenemos a Laura, interpretada por
Sally Hawkins
(reconocida por grandes papeles como el de
La forma del agua), que representa el terror más humano y psicológico. Su
personaje tiene varias caras y su actuación es sensacional. Es un personaje que
te provoca empatía en algunos momentos y verdadero rechazo en otros. Esta
dualidad hace que el espectador oscile constantemente entre la compasión y el
miedo.
Por otro lado está Oliver, interpretado por
Jonah Wren Phillips, que encarna el lado sobrenatural. Sus apariciones
son escasas y muy dosificadas, pero cada vez que aparece consigue generar
incomodidad y escenas de gran impacto. Probablemente sea el elemento más
aterrador de la película y creo que tiene todo para convertirse en un nuevo
icono del género de terror. La caracterización, la puesta en escena y todo lo
que rodea a este personaje son impecables.
Esta dualidad entre la vertiente psicológica y lo sobrenatural funciona muy
bien. Por un lado, lo que propone Oliver bebe de ese miedo a lo desconocido, un
recurso clásico que sigue funcionando. Por otro lado, lo que representa Laura es
igual de aterrador, porque habla de traumas, de heridas emocionales y de una
mente que puede perder el control hasta llegar a límites impensables.
Aunque no suelo impresionarme fácilmente con escenas gore o sangrientas, aquí
debo reconocer que hay varias secuencias que resultan algo desagradables e
incómodas de ver. No son muchas, pero están colocadas en momentos clave y son lo
suficientemente crudas como para incomodar incluso a alguien acostumbrado al
género. Imagino que para espectadores más sensibles serán escenas muy fuertes y
difíciles de ver.
Otra de las grandes virtudes de la película está en el apartado técnico. A nivel
de sonido es, sin duda, de lo mejor del año. El diseño de sonido está tan bien
hecho que incluso en los momentos en los que no se muestra lo que está
ocurriendo en pantalla, los sonidos son suficientes para que el espectador se
imagine perfectamente y con total detalle lo que sucede. La banda sonora
acompaña fantásticamente a otro gran punto fuerte de la película. Su apartado
visual.
Visualmente, la película es muy potente. La fotografía es excelente y me ha
gustado especialmente el uso del agua como elemento narrativo: la piscina, la
lluvia y todas las escenas relacionadas con este elemento se tratan con gran
elegancia. Otro recurso visual muy interesante es el uso de desenfoques para
meternos en la piel de la protagonista ciega y trasladarnos su incapacidad
visual de una forma muy inteligente. Aunque no se usa demasiado, es un detalle
que demuestra cuidado, mimo y atención al detalle.
Me ha parecido muy acertada la forma en que la película construye su historia.
No depende en ningún momento de los jumpscares, algo que agradezco muchísimo. No
utiliza el susto fácil y barato, sino que te atrapa a través de la tensión
narrativa y el impacto visual y atmosférico. La película se dedica a contarte
los hechos y a dejar que el espectador vaya uniendo las piezas poco a poco. Tú,
como espectador, vas armando el puzle en tu cabeza mientras las escenas te van
dando pistas. Esta forma de narrar hace que estés pegado a la pantalla desde el
principio hasta el final.
En cuanto al tono, parece que se está discutiendo si esta película es realmente
terror. Yo sí la considero una película de terror, aunque entiendo que pueda
clasificarse como horror o incluso body horror por sus escenas más icónicas. Las
escenas más fuertes son precisamente las relacionadas con el cuerpo, con lo
físico, y pueden llegar a ser muy duras de ver.
Ahora bien, aunque considero que la película es excelente, sí hay un punto que
me ha dejado algo frío es el desenlace. Después de una sucesión de escenas tan
intensas y con tanto impacto, el final me ha parecido algo anticlimático. No es
un mal final, pero en comparación con todo lo que venía ofreciendo la película,
se siente un poco escaso. Al mismo tiempo, creo que esto también pone en valor
lo potente que ha sido la parte anterior, que te lleva tan arriba que hace
difícil mantener ese nivel en la resolución.
Devuélvemela se coloca fácilmente como una de mis películas favoritas del año y,
sin duda, como la mejor película de terror de 2025 hasta ahora. Con un
presupuesto ajustado, consigue un resultado visual y sonoro espectacular, y
demuestra el talento y futuro que los hermanos Philippou tienen por delante en
el género y en la industria.
Lo mejor:
el diseño de sonido, las interpretaciones de Sally Hawkins y Jonah Wren
Phillips, la fotografía y la puesta en escena, el uso de los efectos prácticos,
la ausencia de jumpscares y la división del terror en dos vertientes: lo
sobrenatural y lo psicológico.
Lo peor:
un comienzo algo largo y juvenil y un final algo anticlimático.