Barbarian
Un arranque muy prometedor, tensión bien construida y una película que, para mí, se va desinflando claramente en su segunda mitad.
La película comienza como un thriller sencillo: una joven llega a su Airbnb y
descubre que la casa ya está ocupada por un desconocido. A partir de ahí se
reparten las cartas y, durante un buen tramo, Barbarian se vuelve tremendamente
amena, jugando contigo como espectador y dejándote “participar” con la
información que te va dando, como si tuvieras una mano de cartas con la que
formular tus propias hipótesis sobre lo que va a suceder, temiéndote siempre lo
peor.
Todo funciona porque las conversaciones, el ritmo y, sobre todo, la ubicación de
la casa encajan a la perfección para generar una tensión constante. Hay una
sensación incómoda que no desaparece, incluso cuando aparentemente no está
pasando nada grave.
De manera inteligente o al menos hasta pasada la mitad del metraje la película
maneja muy bien ese ritmo y esa tensión, introduciéndose poco a poco en el
terreno paranormal. Y hago especial hincapié en lo de “poco a poco”, ya que el
conflicto no termina de desarrollarse ni revelarse hasta bien entrada la
película. Resulta interesante cómo, a medida que la protagonista se adentra en
el conflicto, la película y el espectador lo hacen con ella, compartiendo ese
descenso, y nunca mejor dicho de un modo progresivo hacia lo desconocido. El
apartado sonoro y ambiental está muy conseguido, aunque no destaca especialmente
ni llega a ser memorable.
El problema llega cuando todo lo que estábamos viendo se corta bruscamente justo
en el clímax o punto más alto alcanzado hasta ese momento, para introducir a un
nuevo personaje y, posteriormente, desarrollar el conflicto a través de la
explicación de un origen sobre lo que allí sucede.
El primer fallo es claro, los personajes y sus vidas no interesan en
ningún momento. No suman, no aportan nada y únicamente frenan la inmersión. Para
agravar aún más este problema, su desarrollo y personalidad prácticamente no se
han trabajado, ni lo más mínimo. La explicación del origen del “mal” resulta,
sobre el papel, interesante, pero se muestra de manera muy breve y acaba siendo
explicada mediante diálogos, es decir, de forma torpe y poco cinematográfica.
Como resultado, la película adolece de una segunda mitad muy descafeinada. Y eso
que es sobre esta parte donde recae toda la acción, el gore y el supuesto
desarrollo, pero no termina de funcionar en ninguno de estos aspectos. Da la
sensación de que nada de lo que sucede va a ningún sitio, e incluso los momentos
más intensos de terror se desdibujan por completo. Esa primera parte, donde el
ritmo y la atmósfera oprimen y avanzan de forma progresiva, acaba sintiéndose
como un breve momento de lucidez frente al resto de la cinta cuando se observa
el conjunto final.
Como punto positivo, me gustaría resaltar el humor autoconsciente
respecto al género. Hay varios momentos en los que se introducen pequeñas bromas
que funcionan bastante bien, siendo conscientes de ciertos clichés del terror y
humanizando ligeramente a los personajes, como cuando se ironiza sobre
decisiones absurdas tipo entrar en un sótano oscuro sabiendo que el peligro está
claramente ahí. Las actuaciones no son especialmente destacables. Como mucho,
señalaría la aparición de un actor que, para mi gusto, suele estar bastante
encasillado y no termina de convencerme, pero que aquí funciona razonablemente
bien: Bill Skarsgård. Aun así, su personaje queda desaprovechado de cara al
segundo tramo, como prácticamente todo lo demás.
En resumen, si quieres ver otra película de terror que va claramente de más a
menos, esta es tu película… aunque, sinceramente, ¿quién querría algo así?