Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos
Marvel ilusiona por fin con su Primera Familia gracias a una estética deslumbrante, una química de reparto muy sólida y una Vanessa Kirby espectacular, aunque vuelve a tropezar al desaprovechar a su gran villano.
La familia fantástica ilusiona, pero falla su villano
Tras unos años de tropiezos y proyectos irregulares, Marvel Studios se encontraba con la necesidad de dar un golpe en la mesa. La expansión del universo a través de múltiples series y películas había diluido la conexión de la saga y, para muchos, el entusiasmo por la franquicia ya no era el mismo que en los tiempos dorados de Infinity War o Endgame. Por eso, Los 4 Fantásticos llegaba con la promesa y la necesidad de ser más que una simple película: debía reconectar a los fans con la esencia del MCU y preparar el terreno para lo que viene después. Y, en gran parte, lo consigue.
No era tarea fácil. La Primera Familia de Marvel había tenido ya dos adaptaciones cinematográficas previas con resultados poco alentadores: las películas de principios de los 2000 y la versión más reciente, con Michael B. Jordan en el reparto, que quedó rápidamente en el olvido. Esta vez, Marvel apostaba fuerte para hacer justicia a estos personajes y ofrecerles por fin una representación digna.
Si algo hay que reconocerle a la película es su propuesta visual. Desde el primer fotograma queda claro que se ha puesto mucho cariño en la ambientación retrofuturista inspirada en los años 60, con un estilo colorido y elegante que recuerda a los cómics originales. Esta estética dota a la película de una personalidad propia dentro del MCU. Los escenarios, la fotografía y el vestuario funcionan como un homenaje muy agradecido al legado de Jack Kirby.
El reparto fue una de las grandes sorpresas de esta producción: Pedro Pascal como Reed Richards, Vanessa Kirby como Sue Storm, Joseph Quinn como Johnny Storm y Ebon Moss-Bachrach como Ben Grimm. La química entre ellos es innegable y, desde los primeros minutos, transmiten la sensación de que estamos ante una verdadera familia. Cada uno brilla a su manera, pero si hay alguien que se lleva la película es Kirby. Su Sue Storm es el corazón emocional de la historia, la auténtica líder del grupo y la que ofrece las escenas más conmovedoras.
A nivel musical, Michael Giacchino vuelve a firmar un trabajo impecable. La partitura acompaña y eleva los momentos más importantes de la cinta, pasando de la emoción al espectáculo con facilidad. De entrada, fue todo un acierto por parte del estudio contar con él.
En cuanto a la historia, la película acierta al presentar de forma clara y dinámica los orígenes de estos héroes, de manera que incluso quienes no están familiarizados con ellos puedan engancharse. Mientras te cuentan todo, te vas adentrando en el universo creado y todo se siente bastante orgánico.
Sin embargo, hay un aspecto clave que se queda muy por debajo de lo esperado: Galactus. Su presencia es el gran punto débil de la película. Durante años, desde los eventos de Endgame, todo apuntaba a que Galactus sería el sucesor natural de Thanos. Su figura aparecía constantemente en rumores y filtraciones y se le situaba como el enemigo final de toda la nueva fase del MCU. Finalmente, ya sabemos que el gran villano central será otro, y eso relega aquí a Galactus a un papel mucho más funcional del que merecía.
¿El resultado? Un villano totalmente desaprovechado. Visualmente sí, es impresionante, un coloso que impone respeto desde su primera aparición, pero su construcción como personaje es plana y vacía. No sabemos quién es, no conocemos sus motivaciones, no hay desarrollo ni contexto. Es simplemente un ser gigantesco que destruye a su paso. Y eso, después de haber tenido a un Thanos que durante varias películas nos permitió comprender su lógica y temer de verdad su poder, se queda claramente corto.
Las escenas de combate contra él son otro reflejo de este problema. No hay grandes momentos corales ni combinaciones creativas entre los cuatro héroes. No se siente esa estrategia de equipo, esa tensión de tener que colaborar y coordinar sus poderes. Lo que vemos son escenas en las que Galactus avanza como un titán destruyendo edificios, y ellos responden de manera más o menos aislada. La acción nunca llega a sentirse tan épica como debería.
Este punto contrasta, sin embargo, con la presencia de Silver Surfer, mucho más interesante y dinámica. Sus escenas de acción están muy bien coreografiadas y ofrecen algunos de los mejores momentos de la película. Su pasado se menciona de pasada, pero deja ganas de verlo explorado con más calma en el futuro.
Uno de los grandes conflictos de la película gira en torno a Franklin Richards, el hijo de Reed y Sue. La llegada del niño altera por completo la vida de los protagonistas, y la película explora cómo incluso una familia de superhéroes debe enfrentarse a los mismos dilemas emocionales que una familia común. Franklin no es solo un elemento emocional, sino también el centro de la amenaza de Galactus, que desea hacerse con él para liberarse de su maldición.
El problema es que esta premisa apenas se desarrolla. No se nos explica con claridad qué quiere exactamente Galactus del niño ni por qué Franklin es tan especial. Si no conoces los cómics, no entenderás del todo su relevancia; y si los conoces, seguramente te quedarás esperando una profundidad que nunca llega.
El dilema moral está claro: ¿vale la vida de un niño más que la de todo un planeta? La película lo plantea, pero lo resuelve demasiado rápido. Los Cuatro Fantásticos, como es lógico, no están dispuestos a entregar a Franklin, y de ahí nace el enfrentamiento con Galactus.
Sin embargo, la resolución del conflicto es torpe. Se idea un plan para crear un portal y enviar a Galactus a otra parte del universo, aislado y sin su nave. El clímax consiste en engañarle y empujarle dentro del portal, en una batalla más basada en la distracción y la astucia que en una verdadera confrontación épica.
Al final, es el poder de una madre a punto de perder a su hijo lo que acaba inclinando la balanza. Sue Storm, agotada, consigue empujar a Galactus dentro del portal usando sus últimos restos de energía. Y justo cuando parece que no lo logrará, aparece Silver Surfer, que se sacrifica para dar el golpe definitivo y acompañar al villano.
Se trata de un desenlace bastante previsible, con un sacrificio anunciado desde la mitad de la película y con poco impacto real. Tras el esfuerzo final, Sue muere... pero no de forma permanente. Su hijo, Franklin, revela sus poderes por primera vez y resucita a su madre en una escena que tampoco sorprende demasiado y que pierde parte de su peso dramático.
Tampoco termina de destacar Pedro Pascal como Reed Richards. Su interpretación es correcta, pero contenida, con poca presencia carismática. En ningún momento se transmite del todo la idea de que estamos ante la mente más brillante del planeta, ni se le da el espacio suficiente para lucirse con soluciones verdaderamente geniales.
Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos cumple como pieza fundamental para relanzar el MCU. Introduce de forma efectiva a estos personajes en el universo y deja la puerta abierta a lo que veremos después.
Marvel necesitaba un golpe sobre la mesa y con esta película lo ha dado. No es una obra perfecta, pero tiene corazón, espectáculo y un estilo visual deslumbrante. Es, sin duda, la mejor adaptación que se ha hecho hasta ahora de estos héroes y un prometedor punto de partida para ellos dentro del MCU.
Lo mejor: la química del reparto, la estética, la música de Giacchino y una Vanessa Kirby espectacular. Lo peor: un Galactus desaprovechado.
A nivel de sensaciones, esta película deja algo importante: por fin se percibe intención real de construir algo con estos personajes. Y eso, después de tantos intentos fallidos, ya es mucho.