28 Años Después
El regreso de la saga prometía una vuelta potente al universo de los infectados, pero acaba siendo una película inconsistente, con decisiones de guion muy cuestionables y una sensación general de oportunidad desaprovechada.
Una vuelta que prometía mucho más
Después de 18 años, la secuela de esta saga finalmente llega a la pantalla grande, de la mano de Danny Boyle, el mismo que nos trajo la primera entrega. En esta ocasión, no solo regresamos a este mundo de infectados, sino que la película parece querer abrir la puerta a una nueva trilogía. Sin embargo, lo que podría haber sido una vuelta triunfal se convierte en una experiencia bastante decepcionante.
La película comienza con una escena que promete acción y tensión, pero, lamentablemente, lo que empieza con un tono interesante se va desinflando con el paso de los minutos. A medida que avanza, pierde fuerza. El guion introduce varios elementos y personajes que nunca llegan a ser realmente aprovechados, y deja cabos sueltos en una serie de situaciones que, en lugar de generar intriga, se sienten más como fallos de continuidad.
Hay personajes que parecen incapaces de hacer nada en un momento y que, de repente, se transforman y muestran habilidades que no habían enseñado antes. Muchas decisiones parecen existir únicamente para favorecer la conveniencia de la trama, no porque nazcan de una lógica interna sólida.
En el apartado técnico, la película cuenta con una buena producción sonora, aunque la elección de algunos temas no siempre acompaña bien las escenas. El uso de los iPhone 15 Pro Max para grabar buena parte del film es un punto curioso y bastante comentado, pero más allá de ser una novedad técnica, se queda en una experimentación visual que pierde impacto en la segunda mitad.
La película intenta diferenciarse con su enfoque visual, y eso se agradece. Hay momentos en los que se percibe esa voluntad de romper con lo convencional, de buscar una estética distinta dentro del género. Pero en otros, los desenfoques y ciertas decisiones artísticas no terminan de funcionar tan bien como se esperaba. Se aprecia la intención, pero no siempre el resultado.
Un guion muy inconsistente y demasiadas decisiones cuestionables.
La película comienza con una escena de acción bastante prometedora que parece marcar el tono de lo que vendrá, aunque pronto queda claro que no será así. Después de esta introducción, conocemos a Spike, un niño de 12 años que vive en una isla conectada por un camino que desaparece bajo la marea cuando esta sube, dejando fuera el mundo infestado.
En la isla, Spike debe, por tradición y por su edad, ir al interior acompañado de su padre para sobrevivir, acabar con su primer infectado y regresar. Durante la expedición logra acabar con uno de los infectados lentos, pero pronto la situación se complica y es el padre quien toma el control del momento, enfrentándose a una horda mientras el niño falla todos sus disparos con el arco.
Cuando regresan al pueblo, son recibidos con una fiesta para celebrar el logro. El padre parece más centrado en aparentar que su hijo ha demostrado algo que en preocuparse realmente por él. Esto contrasta con la madre, enferma y débil, que al menos lo trata como lo que es: un niño.
Aquí empieza realmente el conflicto central. Durante la expedición, padre e hijo ven a lo lejos una hoguera. Spike descubre que pertenece a un doctor. Enfadado por la insensibilidad de su padre y con la esperanza de encontrar una cura para su madre, el niño decide escaparse del pueblo y volver al exterior acompañado solo por ella, pese a que su estado es tan delicado que más que ayudar parece una carga constante.
Y aquí la película empieza a hacer trampas. El mismo Spike que antes era incapaz de acertar un disparo ahora acierta todos sin problema. Además, el trayecto se vuelve bastante menos peligroso de lo que cabría esperar. De repente, el guion baja claramente la dificultad para permitir que la historia avance.
En un momento concreto, madre e hijo quedan rodeados por varios infectados. Uno pensaría que aquí aparecería el padre para salvarlos y cerrar un arco, pero no: quien les rescata es un soldado perfectamente equipado, con armas automáticas y una pequeña historia previa que apenas aporta nada porque termina muriendo muy rápido. Su presencia no suma demasiado.
Más adelante, la película introduce por pura casualidad a una infectada en pleno parto, algo que podría haber sido un punto muy interesante para ampliar la mitología de los infectados. Pero no se hace. La idea queda totalmente desaprovechada. La infectada muere, el bebé no está infectado y esa línea argumental se abandona prácticamente en el mismo momento en que aparece.
Otro ejemplo de mala decisión es cuando consiguen dormir al alpha, un infectado especialmente enorme y peligroso que persigue a Spike y a su madre durante buena parte del viaje. En lugar de rematarlo, lo dejan y huyen, para que más adelante reaparezca y vuelva a poner en riesgo la vida del protagonista. Un problema que podrían haberse ahorrado fácilmente.
La madre finalmente llega al doctor y descubre que su enfermedad no tiene cura: es un cáncer terminal con metástasis. Termina muriendo y Spike, tras todo lo vivido, regresa a la isla, aunque nunca se explica demasiado bien cómo logra hacerlo sin morir en el intento. Deja allí al bebé y luego vuelve a marcharse por su cuenta.
La película cierra recuperando al niño que aparecía en la secuencia inicial, el que había visto cómo los infectados devoraban a su familia. Ha sobrevivido durante 29 años en este mundo postapocalíptico, aunque nunca sepamos realmente cómo, y aparece convertido en una especie de figura extraña, acompañado por otros jóvenes con chándales chillones que hacen piruetas mientras matan infectados. A estas alturas, sinceramente, ya costaba tomarse en serio lo que estaba viendo.
Todo apunta a que este cierre está pensado para continuar en la siguiente película, ya confirmada para el año que viene. Ojalá esa continuación trate mejor todo lo que aquí queda tan desordenado. Porque, al menos en esta, la sensación es la de una oportunidad desperdiciada.
En conjunto, 28 Años Después deja una sensación de frustración. Tenía ingredientes para ser una secuela potente, una vuelta con personalidad y con algo que decir dentro de su propio universo, pero la ejecución no termina de estar a la altura.
La película tiene ideas, tiene alguna decisión formal curiosa y parte de una base muy potente, pero el desarrollo es demasiado irregular y el guion le juega malas pasadas constantemente. No es un desastre absoluto, pero sí una secuela muy por debajo de lo que prometía.